No voy hacer aquí un resumen de la historieta argentina, que no alcanzaría el tiempo y el espacio, desde la mitológica Caras y Caretas de principios del otro siglo, a Dante Quinterno con Patoruzú, las minas de Divito, García Ferré, Don Fulgencio, Afanancio. Fontanarrosa con Inodoro y el entrañable Mendieta, Boogie el aceitoso. Don Joaquín Lavado y Mafalda. Caloi. Y etcétera, etcétera, etcétera. Y etcétera.
Pero sí quiero hacer aquí dos menciones especiales, dos homenajes. Un poco al azar, y otro poco por razones del propio corazón. Ignoro qué tan relevantes pudieran haber sido para otras personas, pero hay cosas que a uno lo acompañan mientras crece y que sin querer lo marcan para siempre.
Uno: El genial Robin Wood, un guionista de la hostia, que pocos conocen, y que entre otras cosas, creó al sumerio Nippur de Lagash y a Dago, el renegado. Personajes profundísimos, historias terribles, sencillas, conmovedoras, que salían en las revistas El Tony, Intervalo, D’artagnan. Creo que aprendí más sobre la Ética leyendo a Nippur y a Dago, que en cualquier librote, apunte del CBC, o similar.
Y dos: aquella Revista Fierro a Fierro, la de las “historietas para sobrevivientes” en aquel ’84, la que dirigía Sasturain, la que tenía las tapas del cordobés, infernal, Chichoni...
Menciono al azar (lo que me acuerdo): Las duplas geniales de Trillo & Saccomanno, Muñoz & Sampayo con Sudor Sudaca, los guiones de Sasturain, de Piglia, de Saborido. Mandrafina. Barreiro. Los dibujos de Alberto Breccia, con Perramus (¡Perramus, con guión de Sasturain!), y los del otro Breccia, Enrique, el hijo, con el desopilante y bizarramente peronista Sueñero (todavía no puedo decidir, y no lo voy a hacer nunca, cuál de los dos, si padre o hijo, me gusta más). Ficcionario de Horacio Altuna (¡las minas que dibujaba Altuna, por dió!), y el Último Recreo con guión de Trillo, otro animal. ¡Polenta con pajaritos de El Tomi! El inigualable, exquisito dibujante, Nine. Los cruces con otros grandes de por ahí: el Tano Hugo Prat con el Corto Maltés, Manara, Giménez, Moebius... Y más...

Saludo entonces a todos esos tipos que, como consideran algunos, desde un “arte menor” (¡ja!) se quemaban las pestañas y la gorra aportando, apostando, indagando, creando historias increíbles, terribles, oscuras, en ese momento, después del Terror, después de Malvinas.
Saludo también a todos los que tuvimos la suerte de ir creciendo mirando, aprendiendo, eligiendo, leyendo esas historias.
Los que saben de lo que hablo, recordarán y brindarán conmigo. Los que no, vayan hoy sin falta al Parque Centenario, se compran un par de números, y después me cuentan.
¡Salute!

























(Los cinco Beatles en pleno en Abbey Road. El quinto: George Martin, claro.)
























