| Barrilete suburbano (Fotografía: Irene Amber) |
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8.1.26
7.1.26
Cosas raras: Portales
Un programa secreto del gobierno yanqui que le caga la vida a la gente
—¡oh, sorpresa!— y —¡oh, qué milagro!— rusos.
Un mundo en espejo y una mente-colmena; güocman, pop, niúgüeiv y jevimetal; mostros con cabeza 'e flor bastante fulería, y una protagonista —simpatiquísima—, con un poder mental de la san flauta, que tiene el nombre de un barrio porteño muy concurrido a la hora de comprar mucho y barato (en otras épocas; ya nadie compra ni mucho ni barato en ningún lado).
Sí, con les hijes de Humber y Nino, de Pepe y Kike, nos estamos
comiendo-los-codos con la quinta temporada de la serie esta de los pibis
encantadores que pelean en los 80 —¡ah, éxtasis!, ¡época
dorada de la infancia habitué!— con un fulano algo difícil de entender, pero más malo que la miércoles.
“¿Y qué corno tiene que ver?”, dirá usté. Tiene MUCHO que ver. Porque de
un tiempo a esta parte, y desde que se empezó a hablar de la vuelta de esta
patota rante, me vengo enterando de que cosas extrañas, cosas raras —en una
palabra, y se lo digo así en criollo para que me entienda—, estreinyercings,
vienen ocurriendo en la dimensión habitué. Algo se agita, titila, relumbra. Y
si no, vea:
¿Vio qué linda? No me diga que no es una preciosidá, pero... ¿Dónde se encuentra?, ¿qué se esconde detrás de este… objeto, a todas luces, formidable?
Por más que insista, nunca revelaré la dirección. Pero digamos que
llegando al final de una callecita santa, y casi chocando con la vía, por ahí
por Villa del Parque, hay un lugar donde la barra, contraseña secreta mediante
(una pasgüor; se lo digo así, en criollo, para que me entienda), ensaya, se
encuentra, delira y transpone, invierte y subvierte el espacio-tiempo.
Porque, aunque parezca una puerta —y, valga su perspicacia, digamos que
sí, una puerta es, pero no, no se confíe; en la dimensión habitué nada es lo
que parece—. Como venía diciendo entonces, esto que parece una puerta, no lo es
en realidá: es un Zorzal.
Perdón, es la costumbre. Voy de nuevo: Es un portal.
“¿¡Un portal!? Demasiadas series, chochamus". Y sí, ¿qué me cuenta? Si
de la serie ya hablamos… Entonces, un portal, le decía. ¿Me sigue? Bueno, veo que me sigue.
Guarda entonces, venga: Un pasaje misterioso y mágico, con entradas y salidas escuendidas por ahí, donde la militancia habitué entra en Villa del Parque y sale en Parque Chas —hablando de rusos, en la calle Moscú, pa' más datos—. Entra en Liniers por Barragán en un año cualquiera y sale en 2009 por la Chacrita de los Colegiales, en la antigua calle Fraga, donde fuimos felices. O en la fantástica Bilbao de los bulevares, o en 426, Ciudad Campana, con calles que se llaman como números; o patean por la calle de los Zelarrayanes, y aterrizan en calles con nombre de fruta o de pertrechos de guerra...
Claves: Cinco cuatro cuatro. Esto lo están tocando mañana. Sin repetir y
sin soplar.
Porque, si Villa Crespo, Almagro, aquel verano y ese invierno, ayer nomás los verán cantando tangos en Boedo. Doblan por Retiro; redoblan. Tortuguitas, Pergamino, su ruta, Berazategui, el Barrio Norte; Gran Paternal, el mapa de sus cuitas, Villa del Parque, Villa Santa Rita, Villa Mitre, Agronomía. Villa Ortúzar y un pasaje, y otro y otro; los lobos, la calle del Gavilán...
Aquí, allá y en todas partes: Adrogué y el Villa Luro; allá van; el
trocén, Plaza de Mayo, el Obelisco. Vienen. Titanes y los Jack; Patoruzú y la
Condorito; la globa milagrosa, Warnes, Cruce Varela; dos cuarenta dos ocho
siete nueve.
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| Portales habitués |
Viajan. Continuidad de los parques: De los Patricios, el Chacabuco, Avellaneda, el Centenario. ¿Magariños o Cervantes? Barracas, La Boca, al fin la murga, la placita y el playón. Un Primero de Mayo etéreo, rotundo, sin final. Cifras: 3857. Villa Caraza y todo el cielo, Pompeya y más allá la inundación. El Sur… ¿Era Chile ochenta y cuatro…? ¿Te acordás o…?
Corren, cantan, ríen, lloran; cuentan cuatro y ahí nomás se largan; afiebrados, arrebatados, con resaca; esperan, siempre esperan, combaten en el tiempo y en el aire: se marean.
Cansados, en éxtasis, felices. Refulgen en el fragor de la infancia, entre
gomeras, balines y cebitas, naranjas y gambetas; respirar igual a resistir,
dictaduras y una guerra; sí, señor, silencio por nuestros muertos, bombos y
banderas.
Sueñan, mientras cantan con toda el alma; silban; bebiendo con sed oceánica las
traslúcidas y tenues, potentes, tan potentes, luces de las vidas futuras,
pasadas, habidas y por haber, que fueyserá, o no serán nunca…
Y hoy crían a sus hijes como a flores...
“… Apagá la tele”, sentí que decía una voz más o menos familiar. E
inmediatamente, el sacudón: “¡Euh!, Flores, ¡despiertesé! Cebale un mate pa' que espabile. ¡Eh,
arriba, Flores, que se hace tarde!”. Abrí un ojo…
… La puerta del bulín, brillaba. Y ni le digo la sonrisa de la barra.
¡Salú!
6.1.26
5.1.26
Ciber(Gar)delito
4.1.26
3.1.26
2.1.26
Anonimatos
1.1.26
Patriada habitué
31.12.25
Entremés: mitologías
30.12.25
21.12.25
Integilensia Abitué
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| Inteligencia Abitué (Fotografía: Irene Amber) |
19.12.25
Avistamientos
Siguiendo un poco la línea argumental de la crónica anterior, voy a referir una cosa que me pasó, y después me cuenta.
Estaba yo una noche en un boliche divino de poetas y decidores al que muy gentilmente me habían invitado —de ahí por calle Castro Barros—, y, como le decía, ahí estábamos tan ricamente con Carcassone y Crespi (que no me van a dejar mentir), y no va que de repente escucho:
—¡Nah... No me vengas c...! Que los habitués de aquí, y que los habitués de allá, y que patatín y que patatán... Los Habitués son un mito urbano —sentí que le decía un coso a una naifa, así, por lo bajini.
¡Se lo juro por mi vieja! Y diga que no quise darme vuelta para no armar quilombo, pero tenía como erizados los pelitos de la nuca ante tamaña y supina demostración de traicionera y, claro está, supina incredulidá..., ¡habrase visto, mecachendié!
Esa noche —e-sa-no-che— me despedí medio de apuro y me juí pa' las casas rumiando bilis. A la mañana siguiente, me desperté sobresaltado pero con una claridá —¡sí, dígalo usté, digaló!— supina: Era la voz de la verdá la que hablaba por la boca de aquel cusifai enamorado.
Porque, vea: para la juventud de hoy día —para los menores de sesenta, setenta, digamos—, Los Habitués no son más que una lejana noción de épocas doradas, nocturnas, gloriosas..., y pare de contar, no hay mucho más. Hay un lonplei, dicen que se dice, y siempre hay alguno que dice que lo tiene —pero no lo muestra—, y eso es más o menos todo.
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| V.O.N.D.I. (Berazategui, ca. 1952) |
Por ejemplo, sin ir más lejos: La tía de la cuñada de mi prima segunda la de Caseros, dice que los vió, como teloneros de una banda de cumbia en un acto escolar en Soldati, allá por el... Bueno, el año no se acuerda, pero cuando era chica. O sea que calculando a ojo la edad de esta tía, hace por lo menos, exactamente, como un montón.
En sentido inverso, familiar y geográfico, la prima segunda de la cuñada de mi tía la de Banfield dice que no los vió, pero que los oyó llegando de madrugada a un boliche de Quilmes. Dice que escuchó: "¡Ahí vienen Los Habitués!", y en plan beatlemanía, gente que gritaba. Si se la apura un poco, también reconoce que es verdad que pudo haber oído "ahí viene, te veo después", "pa’ mí tiene cara ‘e pez", o incluso "ahí, dale, lavate bien los pies".
—¡Seee... Los Habitués...! ¿Era un equipo de fútbol de la tercera, no? —le chantaron la otra tarde a Norton en un corralón.
Por el contrario, en el ambiente murguero, en cuyo seno se dieron la mayoría de las aventuras de esta barra arrabalera y cantora, cada vez que se los menta es de rigor poner cara de entendidos, asentir muy-len-ta-men-te —psss... Los Habitués, claro—, y en silencio mirarse de reojo a ver si alguno tira algún dato más específico, y lograr pescar de quién cornos se estaría hablando.
En fin. Cuentos de aparecidos, avistamientos, de ovnis o nahuelitos, sectas satánicas, dipgüeb... Cosas vederes, Sancho, que non crederes.
En resumen, Los Habitués, un mito, no son. Lamentablemente, me consta: de aquí los estoy viendo —en este exacto momento me están morfando las empanadas—, y por lo que parece, por el qué dirán, por el momento, ni se inmutan.
Con las patitas frescas en la Pelopincho, ensayan algún que otro tanguito, un rocanrol, mientras sueñan con gloriosas gestas, con retornar algún día en un famoso avión negro pa' devolverle a su amado pueblo la justicia, la dignidá, y por qué no, la alegría de vivir sin sufrimientos, que los garcas de este mundo, so pena de modernización y en nombre de la libertá, pugnan por birlarnos.
Señor, señorita, para ir cerrando: Los Habitués… Porque… ¿Usté sabe de quién le estoy hablando, no?
¡Ah…! ¿No?, ¿ni idea? ¿Los Habitués, tango y murga fueyserá? Una patota rante en el combate p... ¿No?, ¿tampoco?
Mecachendié.
¡Salú!
18.12.25
16.12.25
¿Que vuelven quiénes?
—¿Cómo que vuelven?, ¿es que se habían ido a alguna parte...? —preguntan algunos despistados.
—¿Que vuelven quiénes? —preguntan otros, aún más despistados que los anteriores.
Aunque parezcan chiste, estas preguntas condensan dos grandes verdades: por un lado, la constatación de la existencia en el alma del barrio de una... ¿cómo decirlo...?, ¡abwesenheit!, al decir del Tincho, alemán el hombre; y por otro, y mal que le pese a la barra, que de esa au...sen...jait...delaspelotas casi nadie, en rigor, se había dado cuenta.
No obstante, hay mar de fondo, y entre la gente más avispada y que pareciera estar en el ajo, las versiones e hipótesis abundan, a cuál más descabelladas. A saber:
Unos sostienen que Los Habitués, percatados a tiempo de la profundización del derrotero derechoso-liberal que habría de tomar el ispa, se tomaron el piro en una especie de autoexilio forzoso, no sea cosa, y para evitarse el trago amargo.
Otros, que el "exilio" es profesional, y que después de mucho reflexionar, decidieron sincerarse y, por el bien de la Humanidá, dejar de cantar.
Los más dramáticos, sospechan que habrían pasado a una especie de clandestinidad preparatoria de andá a saber qué idea delirante, sin acertar a entrever ni explicarse para qué corno, pero que, conociéndolos, no les extraña.
Otros dan por sentado —sin haberlo pensado demasiado, la verdá—, que esta gente, dado su prontuario y falta de ocupación conocida, de seguro está en cana.
También existe una corriente de opinión —que le gusta darse dique de científica—, según la cual, basándose en irrefutables indicios, Los Habitués, lisa y llanamente, se habrían extinguido. Y chaupinela.
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| Pascualón Vuelve (fotografía: Isabella Amaretto) |
Mientras tanto, algunos abombados van diciendo por ahí que toda esta historia del runrún, de la vuelta al ruedo y la mar en coche, la echaron a rodar ellos mismos, es decir, Los Habitués, para, a falta de ideas artísticas mejores, hacerse los interesantes y hacerse convidar algún guisito, alguna grapa, en el fondín de turno.
Por supuesto, también están los que dicen que Los Habitués no existen, que nunca existieron, que son parte de una conspiración woke, que en realidad son los padres; dicen también que ser un esclavo del capitalismo financiero mundial es a lo que siempre aspiraron, que es e-xac-ta-men-te-lo-que-vo-ta-ron, que todo marcha de acuerdo al plan... Y que la Tierra es plana, ya que estamos. Pero, gracias a Momo, a todos estos nabolardos alcanza con ignorarlos.
Pero bueno, qué sé yo…
¿En verdá la muchachada habrá de volver un día? ¿Se volverá a oír la suave y amorosa cadencia del tango y murga fueyserá por las callecitas del barrio? ¿Se volverán a oír versos de amor en locas murgas, en serenatas? ¿Habrá otra oportunidá para esta patota rante de volver a combatir a puro bombo con platillo y con canciones toda la fealdá, la obscenidad de la desigualdad y el privilegio, la estruendosa malicia de este mundo?
Por lo pronto, hay quienes encienden velitas de esperanza y se susurran pecho adentro: Ojalá que sea pronto, muchachxs, ojalá que sea pronto…
Ojalá.
¡Salú!
23.11.25
18.11.25
14.11.25
12.11.25
Vieja, mirá lo que salió en el diario...
29.3.25
13.3.25
3.3.25
15.5.18
La décad(enci)a ganada: 10 años de Los Habitués (chou aniversario)
O algunas cosas. Porque vea usté. Ahora resulta que se les da por volver a volver a Los Habitués. Sí, una vez más, de vuelta. Y en principio, por una noche. En fin, de no creer semejante revival oportunista y porteño del mito del eterno retorno, a no ser porque, fijesé, justo da que en abril se cumplieron 10 años del no menos mítico debut en las tablas de este conjunto rante, poético y musical que, cuando cayó en la cuenta de la redondez del número, luego de hacer sus apuestas y consultados todos los oráculos, no dudó un instante en juntarse a entrenar para volver al ring y celebrar con lxs amigxs. Es que como infatigables titanes que aún se creen, se comían las uñas de los guantes por salir a dar pelea para capear estos tiempos oscuros con altas dosis de energía popular y carnavalera. Veremos hasta dónde les da el cuero.
De modo que resumiendo: se viene un chou homenaje a nosotros mismos, dicen los muchachos. Y han decidido intitularlo La décad(encia) ganada, por evidencias y razones que son de público conocimiento y libre interpretación. Serán de la partida viejos amigos y queridísimxs invitadxs, que harán el honor de acompañar la patriada tangomurguera con generosas ofrendas de talento musical y bailable, no exentas de renovados compromisos.
La cita es el próximo viernes 18 de mayo, a las 21 horas (puntual), en el bello teatro El Alambique, sito en Griveo 2350, barrio de Villa Pueyrredón, en nuestra querida y castigada ciudad de los Buenos Aires.
Como se sospecha que la capacidá del recinto puede verse desbordada por el inusual acontecimiento, se sugiere hacerse de entradas anticipadas chamuyando a su habitué de confianza o, de ser imposible, con precavida anticipación en el teatro, el mismo día de la función, siempre por la bicoca de 150 pesines. Después no diga que no le avisamos...
¿Se vemo' el viernes?
¡Salú!

















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